Almacén F-1

Presente, pasado y futuro del deporte del motor

RUSH: MUCHA VERDAD EN MEDIO DE UNA FICCIÓN.

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Ya está. Ya hemos visto la película que todos los aficionados a la velocidad estábamos esperando. Y vayamos al grano: no defrauda en absoluto.

No soy crítico de cine, ni lo pretendo. Pero la realización es fantástica. Han sabido captar con precisión la época. Todo está hasta el más mínimo detalle cuidado. A falta de volverla a ver (varias veces), a primera vista nada está fuera de lugar, en lo que a las carreras se refiere. Un detalle: han reconstruido circuitos como el antiguo Kyalami (hoy desparecido en aquella configuración), o Mónaco, o la antigua salida de Nürburgring, incluso la recta principal de Monza… con tal precisión que te preguntas cómo han podido hacerlo. No se nota en absoluto que sean reconstrucciones por ordenador. Sólo en algún momento vas a notar que es ordenador, porque nada puede ser perfecto.

La trama es apasionante. Te engancha. James Hunt (Chris Hemsworh) aparece tal y como era, o nos han contado al menos. Ligón, bravucón, insolente… pero también humano, con detalles de solidaridad y de compañerismo que formaban parte de su personalidad. Murray Walker, el legendario comentarista de las carreras en la BBC, que lo tuvo de compañero en la locución muchos años, decía que James eran dos personas: podía ser insoportable, o la persona más agradable del mundo. Y así lo tienes en la película. Cierto que la actuación de Hemsworth no es todo lo redonda que la de su compañero protagonista Daniel Brühl (Niki Lauda), pero es muy buena. Y es que Brühl lo borda. Así. Sin más. Es Niki Lauda, con su perfeccionismo, su forma tan particular de ver las carreras, su dedicación obsesiva, aunque quizás no era tan serio. Y cuando hacen uso del maquillaje para simular las quemaduras, sencillamente estás viendo a Niki Lauda. Cierto es que tuvo una ventaja que no tuvo, lamentablemente, Hemsworth, y es haber podido conocer a Niki Lauda y aprender de su carácter y su forma de ser. Sinceramente, su interpretación merece un premio, ya no hablo de Oscars o Globos de Oro, o esas cosas que se me escapan, pero es tan convincente, que lo merece.

La película capta con maestría otra dimensión típica de aquellos años: el compañerismo. Cierto es que se cargan las tintas sobre la supuesta rivalidad, casi animadversión, entre Hunt y Lauda, que no fue exactamente así. Pero en los momentos clave, cuando uno necesitaba al otro, se muestran solidarios. Todos aquellos pilotos se respetaban, porque se jugaban la vida cada fin de semana. Peca, eso sí, de dar demasiada relevancia al aspecto vividor de Hunt, con escenas muy explícitas. Pero la vida es cruda, no está maquillada. Aunque está calificada para mayores de 12 años, quizás no sea recomendable para alguien de 13, 14 o 15 años.

El sonido es lo mejor… El mítico Ford Cosworth DFV y el no menos mítico Ferrari V12 Bóxer inundan la sala de cine con música celestial. La banda sonora, que es muy apropiada en muchos momentos, queda reducida a simple con el sólo rugido de uno de esos motores. Motores que sonaban diferente, particulares en cada uno de sus matices, y que permitían diferenciarlos desde la lejanía. Gran trabajo. Y no esperes sonidos que no se correspondan con lo que ves: no hay fisuras.

En cuanto a la reproducción de las carreras, se nota que en muchas escenas se va lento, es decir, no a velocidad de competición. Se suple con efectos muy emocionantes, como cambios de plano a los pedales, el volante, o incluso los árboles de levas trabajando como los ventrículos de un corazón, que al fin y al cabo es lo que son.

Esperaba una película interesante. Para aficionados recalcitrantes. Pero Ron Howard y el guionista (el reputado Peter Morgan) han sabido hacer un trabajo honesto, fiel a los detalles y a las biografías de los personajes. Casi todo lo que ves, ocurrió. Pero no es un documental, así que tampoco te lo creas todo a pies juntillas. Lo que quiero decir es que no es una “americanada”, sino que han cumplido con mucha fidelidad a una historia que por sí sola lo tenía todo.

Así que, como no quiero desvelar nada de la película (espero no haberlo hecho, y si es así, lo siento de veras), el veredicto es el siguiente: película de gran calidad en todo los sentidos, y que gustará incluso a los que no les gustan los coches dando vueltas a un circuito. Todo el mundo quedará satisfecho con esta película, sin duda.

Por último, esta película entra directamente en el Top 3 de las películas de carreras de coches. Para mí, y esto es totalmente personal, no supera a “Grand Prix”, de John Frankenheimer, pero se queda muy cerca. Así que si te gustan las películas de carreras, ahora tienes tres imprescindibles: Grand Prix, Rush, y Las 24 Horas de Le Mans (de Steve McQueen).

P.S.: tenía que verla con dos personas muy especiales. Dos personas que vivieron aquella rivalidad en primera persona, porque estuvieron en el G.P. de España de 1976. Papá y Mamá. Fue maravilloso escuchar luego sus explicaciones, sus quejas y sus historias de aquellas carreras, sus vivencias en aquél Gran Premio (y en muchos otros a los que fueron). Ojalá yo hubiera vivido aquellos años terribles pero apasionantes. Gracias por hacerme amar el deporte del motor con tanta pasión.

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